TÚ, POETA!




Um laberinto de soledad recién inaugurado, te aguarda más allá de los límites de aquel valle que sabes existir, después de todas las peregrinaciones por el país de las consagraciones de los instantes, país pluralista, que admite el odio y el amor darse las manos. Sí para que de la comunión de los contrarios pueda surgir el Otro. El mexicano Octavio Paz presintió con agudeza esa existencia rescatada de los primordios: las antítesis de la palabra alcanza, mejor dicho, nacen de las contracciones del mundo real-imaginario que te insulta y exalta, Poeta.

Porque conoces la humillación y porque clamas la venganza súbitamente, puedes extraer del semejante el espanto y la compasión. La palabra que atenúa y conflagra, que enciende (arde) y pacifica, solo tú la conoces, aunque sepas que a nadie ella se entregará sin que el precio de tan grande lucidez sea cobrado. Y ese precio, nunca pagado completamente, te exigirá, por todas la vidas acaso merecidas que vivas, tu testigo constante, tu callado sufrir, tu alegría no percibida. Tu brazo, tu corazón.

Tu fortuna o tu condenación, todo lo que marca y estigmatiza es para ti, Poeta, regalo y ofrenda, itinerario y misión. Y no te engañas cuando sientes que a ti, no a otro, confió la vida la tarea de desvelar misterios, que para ti son días y noches de amor y de guerra, tal cual sintió Eduardo Galeano. La poesía es palabragua (vorbapa), parábola de la fuente elemental inagotable, agua que no deja nacer el lodo, porque corriente eterna.

Alguien que no conoces, pero que adivinas, recibe tu palabra, tu hombro, Poeta, para realizar el viaje de retorno a sí mismo, que es el retorno del hombre a su condición de un ser capaz de amar, alguien capaz de construir  para los otros, que son él mismo, alguien que canta la canción de los otros, que es su misma canción.

En ese encuentro, marcado desde los comienzos de los tiempos, pero siempre aplazado por los equívocos de los hombres, eres heraldo de la esperanza útil, anfitrión en  residencia ajena, profeta sin ninguna secta, maestro itinerante de la más compasiva ternura. Y eres también, tú lo sabes, aquel que se hizo soldado en la lucha por lo nuevo, por lo más grande, que es el Todo compartido. Igual a Gautama Buda, estás a la puerta del Infinito, pero solamente entrarás  cuando lo haga el último hermano.

Los poetas de todos los tiempos, desde el marino apasionado de la Odisea hasta el cosmonauta embriagado de la Galaxia, sueñan con el azul de la Tierra y del Mar para todos. Esos hermanos-en-poesía que son, como tú, la inspiración del filo y del pétalo, del anochecer remoto y de la más rubra alborada, ya sabían, desde que un ángel tuerto les ha tocado el hombro y sentenció su vida gauche, que el efímero o duradero pasaje de sus sombras iluminadas, permanecería para siempre la inmortal palabra que pronunciaron, venida de los labios de todos nosotros. Tú, Poeta, eres el puente entre el verbo y la luz, tú eres el medium.

Autor: Luciano Maia. Publicado en Ápices, Buenos Aires, traducción de Raúl Lavalle.