Livros Publicados

As Cidades Míticas
Fortaleza/ 2012 - Expressão Gráfica e Editora 



 
Claroscuro

Fortaleza/ 2011 - Expressão Gráfica e Editora



Prefácio

CARTA A MI AMIGO LUCIANO MAIA

Luciano Maia Brasiliensi, viro clarissimo, Radulfus Argentiniensis salutem
plurimam dat.

Caro Luciano

          Sé que no considerarás una pedantería de mi parte el haber puesto un encabezamiento a la manera antigua de los romanos; más aún, pienso que te agradará, porque pocos aman y cultivan como tú la latinidad. He recibido tu último libro de poemas y sentí la necesidad de escribir algo sobre él. Sabes que eso me pasa cada vez que recibo cada una de tus creaciones; pero esta vez me pareció bien darte a conocer mi sentir en la forma epistolar, esa forma casi olvidada hoy. Es que estuve leyendo a Eduardo González Lanuza, un argentino nacido en tu querida Galicia, y me acordé de su “Epístola a un joven poeta”, que creo empieza así:

                        Leí tu libro, mi querido amigo,
                        y no seré fiscal de su lectura
                        ni juez; apenas, cordial testigo.

            Y bien, lo primero que tengo es lo que otras veces ya te dije: tu poesía me gusta, entre otras cosas, porque es de hoy pero es a la vez eterna. Tal eternidad le viene de su arraigo en la gran tradición literaria que tenemos. Es la del mundo clásico, particularmente la latina, que se mimetiza en lo americano y, desde nuestro sertão, en todo lo humano. Ya esto significa una enseñanza que va más allá de lo poético. La verdadera paideia es la que enseña los fundamentos, que son lo permanente. No está mal lo nuevo pero solo tiene sentido, si no ignora el pétreo cimiento de la tradición. Un mal que hay hoy en mi país –¿también en el mundo?– consiste en enseñar la novedad. Y resulta que los niños en la escuela no saben qué es sujeto ni qué es predicado. Por supuesto tampoco saben la gramática transformacional ni el análisis del discurso, porque no pueden aprender nada bien, si no tienen el ejercicio de leer y de escribir.

            Empezaré entonces por los clásicos. “Para novedades, los clásicos”, frase de un académico argentino hace tiempo. Veo en algunos versos (no digo que lo pensaste formalmente) la huella del príncipe de los líricos. Porque Horacio advierte en una de sus Odas (4, 7) que el tiempo se va a cada momento, hora a hora. También tú lo ves, porque en “Sombras do quanto for” dices:

Como as horas não cessam de passar
como passam os dias, como os anos
fazem-se décadas, séculos, milanos
assim tudo o mais passa, devagar.

            Y terminas ese soneto; forma de la Italia grande, dicho sea de paso, que cultivas con gran frecuencia (para mí eres uno de los máximos sonetistas actuales):

Só permanecerá um devastador
relembro longe, longe... e mesmo assim
só sombras restarão do quanto for.

            Que es otra forma de expresar lo que había escrito el poeta latino en esa oda: ‘polvo y sombra somos’ (pulvis et umbra sumus). Y en “Heraclitiana” nuevamente subrayas lo efímero de nuestra existencia:

                        Que terá feito mudar
assim a vida das rosas
e a minha própria existência?

Nem a cidade, nem eu
nem as flores, nada mais
como antes foi um dia.

            De todas las flores de la literatura, ninguna expresa como la rosa el paso del tiempo. ‘Las muy breves flores de la amena rosa’, escribió Horacio. Y “El nacimiento de las rosas”, atribuido a Ausonio: ‘cuanto es de largo un día, tan larga es la edad de las rosas, / a las que la vejez alcanza junto con la juventud.’ Pero quieres a Horacio incluso en la cocina. En su tercer epodo denostaba ‘el ajo, más dañino que la cicuta.’ En cambio tú lo elogias y amas, como en “Ode ao dente de alho”:

Desde o meu quarto
sinto o quanto já recendes
na cozinha onde reinas
junto à cebola, ao cheiro-verde
ao azeite e ao açafrão.
Dente de alho, flamejas ao meu dente.

            Otro de tus temas es el mar, real o figurado. En efecto nos invitas, en “Mar noturno”, a meditar en cosas como el regreso, la incertidumbre y la fantasía por los lugares lejanos (densos instantes, mares habitados / pela luz entrevada da memória). Y me traes el recuerdo de Portugal y de Amália Rodrigues, con tu “Fado marítimo”, que tú gustas, como yo, de revivir en tus paseos literarios:

                        Me dirigi à tristeza
das jangadas em mar alto.
Terminei por caminhar
pelas singelas aldeias
das praias de Portugal.

            Y recibes con gusto el mensaje de belleza y de pequeños sueños que nos trae una minúscula criatura de los abismos, en “Ode ao cavalo marinho”: Hipocampo, tu gestas poemetos / minúsculos para as estrelas do mar / e uma canção abissal / para as almas dos poetas mortos. Y allí mismo recuerdas a Alfonsina Storni, la gran poetisa argentina que puso fin a sus días arrojándose a las ondas. Esto es otra cosa que no deja de sorprenderme: cuánto amas y sabes sobre España y su lengua; y en particular sobre mi querida patria Argentina y Buenos Aires. Pues en “Tango” y en todos tus viajes a mi ciudad te has hecho uno de nosotros y sientes los acordes queixosos de um bandoneón y el empedrado escurecido de alguna calle nuestra. Porque el tango no es solo rioplatense. En “Riso e pranto” lo explicas: Para risos e prantos chegam flores / às vezes perda, às vezes doação – / A treva e a luz: paixões e dissabores. Ya el quejoso Ovidio, en su destierro, había hablado del placer que hay en el llanto: est quaedam flere voluptas (Tristia 4, 3, 37).

            Quizás no podamos compartir con muchas otras personas un aspecto de tu arte: el amor por la tierra rumana y por su lengua; por ese “hermano lejano” –así lo llamo– que tenemos todos los latinos. Siempre aprovechas para hablar de la Dacia de Trajano y de la de hoy. Aquí recuerdas a uno de sus grandes escritores, en “Marin Sorescu diz poemas às cadeiras.” Y hablas y escribes rumano, español y otras lenguas neolatinas; incluso esas más pequeñitas, como el catalán, como el romanche (de ello das muestra aquí, en “Cuira.” Eça de Queiroz escribió la extensa novela Os Maias. Pero hoy un Maia americano recuerda la ciudad imperial, la que según la tradición había fundado Odiseo, y bebe en sus viejos cafés diciéndole:

                        Lisboa, rapariga travessa
eu quero um bem danado
à tua atmosfera de cidade
estelar, de Ulisses
e tantas marés de aventura.

            Porque aquí está otro de tus asuntos constantes; esto es, la poesía como un viaje espiritual. Pues en “Poema em regresso”, que es una suerte de manifiesto literario tuyo, nos dices:  

            E se multiplicam
as viagens por sobre o território
do país do desejo, onde a lembrança
a vastidão da inspiração alcança.

            Y bien, no terminaría, si me pusiera a enumerar todas las materias de tus sabios escritos. Pero la literatura no es solo sabiduría, sino también un misterio. Y el artista, ante la profundidad se la belleza, se confiesa un menino, como haces tú en “Fatum”:

O imposto silêncio ao nosso juízo
fala por tudo que nos é preciso.

Discurso franco e gesto de menino
destroçados ao gosto do destino.

            En fin, para poner fin a mi epístola –en este tiempo de epístolas electrónicas muchas veces mal escritas, en un lenguaje troglodita– me queda decirte por qué me gusta tanto lo que escribes. Te pido perdón, si he sido desordenado en mis palabras, pero trataré ahora de dar un orden a lo que digo. Primero, tú tienes el oficio de escritor. Como profesor, con frecuencia me pasa que algún alumno o algún conocido me entrega sus escritos. Hay en alguno de ellos inquietud y sentimientos e ideas valiosas, pero todo ello queda con frecuencia afeado por una mala redacción o por puntuaciones deficientes: solo hay puntos y comas; no existen los demás signos. En cambio tú eres un maestro consumado de la lengua; no en vano eres académico.

En segundo lugar, vuelvo al comienzo de esta carta: tienes el conocimiento y la cultura literaria, la histórica y la filosófica (no te enojes si no menciono la pedagogía y otras ciencias que hoy nos abruman con sus para mí insoportables prácticas). Ya en mi vejez casi te diría que descreo, como norma general, del poeta iletrado, por más excepciones buenas que esto haya tenido en la historia. En cambio tus amigos los poetas te acompañan en tus viajes y en tu vida cotidiana. Cuando digo “los poetas”, me refiero a los de todos los tiempos y también a tus cofrades literarios de Fortaleza (a tu hermano Virgílio, a don Jorge Tufic, a don Francisco Carvalho y a muchos otros que te frecuentan y a quienes frecuentas). Y todo ello te permite mantener ese diálogo contigo mismo: “converso con el hombre que siempre va conmigo”, decía Antonio Machado.

Ahora bien, lo anterior, valioso en sí, sería insuficiente para la poesía, si no tuviera como fundación tu propio talento literario. Porque escribir no es solo repetir determinados modelos sino, partiendo muchas veces de ellos, entregar un mensaje al lector, a ese ser cándido que no sabe filología y que queremos que se haga amigo nuestro. Pero, como te dije antes, no se encuentra fácilmente el talento, el genio poético; es algo que nos golpea y nos modifica. Mas tu genio no carece de labor limae, de los necesarios borrones y tachaduras, que no anulan el rapto poético.

Por todo lo anterior, querido amigo, es que –cosa que rara vez consigue un autor– todos tus poemas me gustan. Quizás algunos, los que tiene referencias más concretas al Brasil cotidiano, no los entiendo del todo; no importa, mientras yo siga sintiendo la lucha que libras en tu poesía contra la barbarie que amenaza invadirnos en su vulgaridad y simpleza. Entonces no me queda nada más que el saludo. Salve, Latinitatis gloria perennis.

Si vales, bene est: ego quoque valeo. Tuus,

RADULFUS


Raúl Lavalle, Pontificia Universidad Católica Argentina
Buenos Aires, febrero de 2011

POEMA EM REGRESSO


Do poema em regresso fez-se o instante
mais desejado pelos meus sentidos
e os matizes mais vivos da memória
abriram sugestões inacabadas.
Trouxe o poema encontros remarcados
pelas bocas-da-noite de outras datas
e um antigo perfume... E que frescor
tomou os ares pródigos da tarde
que acolheu o poema e dele fez
mais tantos outros! E se multiplicam
as viagens por sobre o território
do país do desejo, onde a lembrança
a vastidão da inspiração alcança.
Mil novecentos e cinquenta e nove:
este ano me convida a regressar
às pretéritas horas, aos passados
momentos que a memória glorifica
e fica a glória –  ou resta a ilusão
de um ter vivido e ainda um que viver.
Chegam, como num sonho, acontecidas
palavras proferidas em proveito
de um tempo sublimado: e escutá-las
é fazer caminhar o pensamento
tangido pelo sopro das vogais
e consoantes de um fala ancestra.
Sou menino. A lua me comove
e uma canção inédita se escuta
às horas madrugadas desse então
penetrado de luz e de paixão.


TANGO


Este compasso bordeja
entre as almas em queixume.
Fogo de paixão o beija
fere-o a chama do ciúme.
Aos acordes queixosos de um bandoneon
junta-se a voz aliciante de Gardel
trespassando o ambiente algo de magia.
É o mistério de uma vida acontecida algures
numa cidade em que a noite se debruçava
sobre as varandas de uma casa solitária
deixando que do alto caísse a neblina
sobre o empedrado escurecido... E um casal
busca refúgio no Café Los Angelitos.
Geme, bandoneon, teu tango triste...
Este compasso bordeja
entre as almas em queixume.
Fogo de paixão o beija
fere-o a chama do ciúme.


FADO MARÍTIMO
A Nélida Piñón


Despertei como inundado
de uma saudade indizível.
Vaguei por tempos perdidos
na cor do vento das eras.
Me visitou um relembro
de eventos ultrapassados.
Acudiram-me à mente
as palavras em desuso
com seus sons evocativos
do tempo dessas palavras.
Me dirigi à tristeza
das jangadas em mar alto.
Terminei por caminhar
pelas singelas aldeias
das praias de Portugal.
Hoje despertei saudoso
de nada e de tudo, ao fim.
Ouvi um fado marítimo.


O SILÊNCIO DOS NÁUFRAGOS


Os navios submersos
se despedem dos espantos
da extravagância dos versos
das lamentações dos cantos.

Naufrágio de almas e corpos
em fundas evocações
dos itinerários tortos
de desvalidas canções.

Espumas como mortalha
de afogados insepultos
sem ladainhas... Que valha
o silêncio dos seus vultos.


RIO DE VAU

Naquela noite claríssima
atravessei o rio de vau
e o luar beijando
o espelho da correnteza
fez-me experimentar
a alegria dos peixes
mesmo eu não sendo
um seu igual.

Acima, bem no alto do céu
a lebre chinesa dava um salto
na superfície da lua...


UM NAVIO DANDO ADEUS
A Antonio Carlos Secchin

Além, bem mais além, bem mais além...
Para além da penúltima atalaia.
Longe, de onde a lembrança não retém
mais do que a onda triste que se espraia
sobre as areias e os sargaços, sem
mais definir-se o rosto dessa praia.
A vastidão do mar, longe também
só um quase rumor ainda ensaia.
Apartado do tempo desse mar
não vislumbro por onde navegar
e já não sei da foz daquele rio.
Adernado em soturno varadouro
perdeu a rota azul dos sonhos d’ouro
e me acena um adeus o meu navio.


SONETO DO CARNAVAL DE 1971

Os metais adentraram madrugada
e uma bizarra luz acompanhou
uma garota desacompanhada
e diante dela pôs-lhe este que sou.
Ouvimos sons e nós em debandada
do mar, que num indeciso vou-não-vou
serviu de testemunha àquela fada
cujo reino encantado abandonou.
Quase manhã, estrelas reluzentes
narravam confidências... nem sinal
dos metais repetidos e estridentes.
Extenuados, dormimos... cada qual
sonhando as labaredas persistentes
sobre as cinzas daquele carnaval.


POEMA 31
A Carlos Augusto Viana  

Sinto o perfume de muçambê
na tarde inclinada sobre os alpendres.

Na Avenida Paulista ou nos Champs Élysées
na Baixa Lisboeta ou na Via Apia.

Não importa a latitude ou a longitude
o pensamento adentra o tempo extinto.

Sinto o perfume de muçambê na tarde
deitada sobre as platibandas...

Não importa o livro que se leia
seja o Eclesiastes, Shakespeare, Sartre, Neruda.

Não importa tal ou qual conjectura psicológica.
Não importam as lições extraídas
das viagens, das conferências, das academias.

Sinto o perfume de muçambê na tarde
curvada sobre os telhados
de uma ruazinha que recorda
um poema de Mário Quintana...


HERALDOS NEGROS*

O vento é mensageiro sem horário
não promete trazer boas notícias
não descansa do seu itinerário
e desdenha cansaços e preguiças.
Há um vento geral, veloz, gregário
que arrebanha outros ventos, reza missas
no altar-mor de um cerro imaginário
zunindo às ouças das águas mortiças.
Outros ventos diversos há no mundo
a fortuna girando ou a pouca sorte
partindo de altos céus de azul profundo.
E há, enfim, um vento que o recorte
do destino reserva àquele fundo
e indesejado instante – a própria morte.
________________
*O título homenageia o poeta peruano César Vallejo,
 que escreveu “Los heraldos negros”.

BRISA E INFÂNCIA


A brisa desta manhã
traz-me uma tênue lembrança
daquela aurora louçã
que a memória ainda alcança
numa tentativa vã
que contra o tempo se lança
qual se a brisa fosse irmã
do meu tempo de criança.

A FLAUTA E A LUA
A Rodger Rogério

As vozes fluviais da minha terra
falam das outras sepultadas vozes
sob a laje sombria de um história
narrada quando a noite se vestiu
de luto e os cantos se fizeram mudos.
Não sou capaz de regressar as falas
desses mortos ausentes dos relatos
dos que sangraram luas e legendas.
Mas escutando, à noite, a melodia
dos rios e a ciranda das estrelas
pressinto ressurgir uma canção
da gleba estremecida: ouço rumores
distantes, recordando a flauta nua
sob o manto de luz da antiga lua.

VOO E QUEDA
A Arnaldo Fontenele

O coração alcança outras alturas
mais que as meras alturas da razão.
Sobe aos cumes esguios da ilusão
do arco-íris adentra as cores puras.
Pássaro louco, torna das lonjuras
dos territórios da imaginação
qual um adestradíssimo falcão
mensageiro veloz sobre as planuras.
Meu coração, falcão visionário
sonhando refazer o itinerário
da juventude, quer, anseia, arde.
Alça-se em voo sobre a paisagem linda
que a asa da memória traz-lhe ainda.
Porém se desilude... É muito tarde.

Outras Odes Eólicas

ODE AO DENTE DE ALHO
 A Valder Magalhães

Dente de alho, fulgor pisado,
chama acesa, quentura, paladar ardente.
Invades os espaços de casa
espargindo a sugestão
do perfume entranhável
do almoço.
Desde o meu quarto
sinto o quanto já recendes
na cozinha onde reinas
junto à cebola, ao cheiro-verde
ao azeite e ao açafrão.
Dente de alho, flamejas ao meu dente.

ODE À MESA POSTA
A Romeu Duarte

Que cheguem os comensais
para esta ceia compartida
entre os que se nutrem
de poesia e vinho e pão.
Que ceiemos juntos esta dádiva
do paraíso anunciado.
Que venham do Reino do Mar Longe
as especiarias e a evocação e o louvor
deste alimento –
doação aos espíritos famintos desta
comunhão singela da mesa posta.

ODE À ROSA-DOS-VENTOS
A Henrique Baima

Despetalada pelos sopros cardeais
a rosa-dos-ventos aponta múltiplos
destinos e gira sobre si mesma.
De norte a sul
traça os caminhos imaginários
dos meridianos, permitindo
ao sol levante descrever
o seu arco de fogo
antes de ajoelhar-se
no altar do poente
sempre acompanhado
do vento anunciador
de um poema inesperado.

Quaderno de Verão

LISBOA
A Juarez Barreira

I
Lisboa, ó rapariga travessa!
Amo o teu cheiro a mar e a vinho
o teu sorriso o teu fado a tua canção
de estranhas navegações.
Ah, a Nau Catarineta...

Daqui deste quarto de hotel
vejo o Castelo de São Jorge
sob um manto violeta.

A colorida praça me convence
ser a hora propícia a um bom trago
e me apresso a andar pela Figueira
e logo chego à Praça Pedro IV.

Aonde vou?

II
Final de tarde de julho
caminho pelo Rossio
penso naquela Lisboa
com os velhos barcos no rio.

Caminho a passadas lentas
sob as primeiras estrelas.
Penso num gole de vinho
ao ver as luzes vermelhas.

Já chego ao Café Nicola
o desejo aumenta e age –
Peço logo um Esporão
e ergo um brinde a Bocage.

Aqui no Café Nicola
bebia o grande poeta
quando, uma noite, ao sair
ouve um voz indiscreta.

Logo percebeu Bocage
ser a polícia afamada
sisuda àquelas desoras
pouco riso e bem armada.

- Diga quem é, de onde vem
e também para onde vai.
De pronto, o poeta fala
e até muito bem se sai:

- Sou o poeta Bocage
venho do Café Nicola;
irei para o outro mundo
se me dispara a pistola.

Moço, traga-me outro trago
cá não haverá engano:
vou tomando aqui meus goles
em homenagem ao Elmano.

Lisboa, rapariga travessa
eu quero um bem danado
à tua atmosfera de cidade
estelar, de Ulisses
e tantas marés de aventura.

III      
Caminho pela cidade primordial
com perfume de tempos pretéritos.
Escuto os sons quinhentisas
a repassarem por cada esquina
da Alfama e do Bairro Alto.
Lisboa, aceita um vinho em honra
àquele passado e brindemos também
aos anos futuros. Eu sei que o amor
não morrerá jamais em Portugal.


       
Jaguaribe Memória das Águas - Livro das Canções
Poema: Luciano Maia
Música: Rodger Rogério
Concepção Artística: Augusto Pontes
Fortaleza/ 2010 (9ª edição)  - Expressão Gráfica e Editora
A 1ª edição deste livro é de 1982.


Mar e Vento
Fortaleza/ 2009 - Expressão Gráfica e Editora

O SENTIMENTO DO ABOLIDO

O alpendre, a vereda, a jandaíra
as piabas, as chuvas-do-caju...
Alpercatas antigas, fumo, embira
a janela encardindo o cumaru.
Som do último aboio que se estira
nos arreios da tarde em couro cru.
Espingarda em desuso, alça sem mira
nas pegadas sutis do tejuaçu.
A terra interior em desdalento
diante da cara alheia da cidade...
A buzina ferindo a cor do vento.
A hora do sino, hoje só saudade
do menino de outrora, testamento
daquele verso: resistir, quem há-de?





Pátria dos Cataventos
Fortaleza/ 2007 - Expressão Gráfica e Editora
 

VENTO ARACATI

Com o vento Aracati
tenho as minhas relações
às vezes pouco amistosas:
ele varre os tabuleiros
bate com força no oitão
desgrenha as copas das árvores
despenteia o capinzal
dispersa as cinzas no chão.

(Flagelo das lamparinas
ele é sócio do apagão).
Porém o pior de tudo:
em noites de escuridão
assobia nos telhados
varre lembranças antigas
recordando sofrimentos
esse arauto da aflição.

Sai, vento, vai conversar
com teus parceiros do mar!



Jaguaribe Memória das Águas - 8ª edição
Ilustrações: Audifax Rios
Fortaleza/ 2007 - Expressão Gráfica e Editora
A 1ª edição deste livro é de 1982.

AOS RIOS IRMÃOS

Aos rios do Ceará, principalmente
aos do sertão sedento que não vão
muito longe da terra seca e quente
onde resiste o deserdado irmão
preso a um fio d'água sucumbente
que o amarra à sina deste chão
mas que ao tempo do solo lavradio
é a mais doce vazante do meu rio.

AOS OUTROS RIOS

Também aos grandes rios forasteiros
alguns dos quais embora tão distantes.
Aos seus filhos e pais, desde os ribeiros
menores aos caudais mais importantes.
Aos nordestinos rios, companheiros
de dias parcos, tempos lancinantes
e aos que não mostram ao sol suas areias
as hídricas palavras destas veias.
















Lumină de Lună / Luar
Poemas de Mihai Eminescu por Luciano Maia
Fortaleza/ 2006 - Expressão Gráfica e Editora

O, MAMĂ...

O, mamă, dulce mamă, din negură de vremi
Pe freamătul de frunze la tine tu mă chemi;
Deasupra criptei negre a sfântului mormânt
Se scutură salcâmii de toamnă si de vânt,
Se bat încet din ramuri, îngână glasul tău...
Mereu se vor tot bate, tu vei dormi mereu.

Când voi muri, iubito, la crestet să nu-mi plângi;
Din teiul sfânt si dulce o ramură să frângi,
La capul meu cu grijă tu ramura s-o-ngropi,
Asupra ei să cadă a ochilor tăi stropi;
Simti-o-voi odată umbrind mormântul meu...
Mereu va creste umbra-i, eu voi dormi mereu.

Iar dacă împreună va fi ca să murim,
Să nu ne ducă-n trist zidiri tintirim,
Mormântul să ni-l sape margine de râu,
Ne pună-n încăperea aceluiasi sicriu;
De-a pururea aproape vei fi de sânul meu...
Mereu va plânge apa, noi vom dormi mereu.

Ó MÃE...

Ó mãe, ó doce mãe, das nevoas do passado
No frêmito das folhas a ti ainda me chamas;
Sobre a cripta negra do túmulo sagrado
Desfolham-se as acácias sob o vento do outono;
Seu farfalhar imita a tua voz e assim...
Sempre hão de farfalhar, tu dormirás sem fim.

Não chores sobre mim, ó mãe, quando eu morrer;
Da tília santa e doce recolhe um fino ramo
À minha cabeceira enterra-o, com cuidado
E em cima dele deixa as lágrimas cair;
Um dia eu o sentirei sombrear a tumba e a mim...
Sua sombra crescerá e eu dormirei sem fim...

E se juntos um dia tivermos de morrer,
Não nos levem aos tristes murais do cemitério:
Que um túmulo nos cavem junto à margem do rio,
Coloquem-nos os dois num único jazigo;
Para sempre estarás, ó mãe, junto de mim...
Junto ao pranto das águas dormiremos sem fim.
















Autobiografia lírica

São Paulo/ 2006 - Escrituras Editora
A 1ª edição deste livro é de 2005

Prólogo
UM POETA E SEU RIO TUTELAR

 Francisco Carvalho
Em determinados círculos da intelectualidade, prospera a idéia consensual de que a poesia não dispõe de meios para competir com a espantosa sofisticão atingida pela linguagem eletrônica nos dias atuais. A magia dos computadores de última geração, que utilizam as mais avançadas tecnologias à disposição do universo científico, toma a poesia em algo que se aproxima de uma raridade arqueológica só manipulada por meia dúzia de pesquisadores eventuais.

Em outra oportunidade, fiz referência a uma declaração do pensador alemão Theodor Adorno, para quem não há mais lugar para a poesia depois de Auschwitz, Faço estas considerões preliminares para que o leitor tenha consciência dos obstáculos enfrentados pelos poetas, vistos, nos dias atuais, como seres dinossáuricos expulsos de algum planeta habitado por uma comunidade de extraterrestres. Poetas e leitores de poesia precisam levar em conta as vulnerabilidades do universo lírico em face da esmagadora hegemonia da automação e da velocidade com que se processam as mudanças no vasto campo do saber. É preciso ter humildade diante do poema. O poema o é um acontecimento. O poema é uma eventualidade.
Luciano Maia, nascido no Vale do Jaguaribe, que ele considera o seu "rio tutelar", vem concluir os originais de novo livro de poemas, a que deu o título de Autobiografia lírica. Este título já nos acena para uma viagem do autor pelos labirintos da subjetividade. Sua infância no Vale, o despertar dos sentidos para o cromatismo do universo, os sons e aromas das flores e dos frutos, o rumor das vozes dos boiadeiros e tangedores de cabras e ovelhas, o zumbido das cigarras ao cair dos crepúsculos sertanejos, o canto melancólico das juritis nas moitas e frondes das árvores - toda essa apoteose de sons, imagens e cores incorpora-se à sintaxe poética de Luciano Maia. Seja ela expressa na forma de sonetos ou de estrofes em versos livres, oitavas à Caes, sextilhas e décimas à maneira dos repentistas sertanejos, ou ainda redondilhas à moda dos menestréis de uma Idade Média que ainda nos acaricia a memória.
Para Victor Hugo, ícone legendário da literatura francesa, "Um poeta é um mundo encerrado num homem". É talvez o caso de Luciano Maia, nascido às margens do Rio Jaguaribe, que em épocas de rigorosos invernos assume as proporções de uma serpente mitológica. O rio e suas lendas, suas enxurradas e seus afogados, seu fascínio na moldura da geografia nordestina; esse mundo de sonhos e realidades que se entrelaçam ou mudam de forma e de cor - esse mundo está preservado no coração do poeta, onde reminiscências e atavismos urdem a trama do seu dinamismo existencial. Cada poeta tem a sua história, e essa "história merece ser contada" em versos como estes: "Já cruzei mares e
horror
es/por mor de uma namorada/mas tudo não foi por nada/por desperdício ou vanglória:/todos temos uma história/que merece ser contada".
Este livro de poemas testemunha a trajetória existencial do poeta Luciano Maia. É a narrativa, em versos plurimétricos, de sua vida, dos sonhos do menino e do adolescente, de seus mitos e utopias, seu mergulho no universo das palavras, dos seres e das coisas, dos bichos que lhe povoaram a infância no Vale, dos cataventos e suas pétalas de girasis, do seu "chão que fica entre dois rios/da terra nordestinada". Um mundo de sensações abre-se à perspectiva do poeta: "Hoje sobe a memória nos travejos/do catavento novo, flor chantada/no oitão ensolarado de novembro".
Recentemente li diálogo publicado na Folha de S. Paulo, no qual Ernesto Sábato e Jorge Luis Borges fazem reflexões sobre Deus e a poesia. Para Sábato, no ser humano o emocio-
n
al precede o intelectual. Diz: "Ele sente primeiro o mundo e depois cavila o mundo". E acrescenta: "A arte precede a filosofia, a poesia é anterior ao pensamento lógico". De fato, o alogicismo é o terririo da melhor poesia em qualquer lugar do mundo. Imagens e metáforas que se entrelaçam no poema para instaurar a ordem no caos. Digo essas coisas com o aval de um dos maiores poetas brasileiros da atualidade, o cearense César Leal, radicado em Pernambuco. "O poeta é um fingidor" (Fernando Pessoa) na medida em que finge até mesmo "a dor que não sente" e a que lhe machuca a pele da alma (o corpo). É verdade que a poesia germina numa atmosfera de aparências e eventualidades. Mas o fingimento do poeta é uma estratégia para esconjurar os estereótipos da realidade por meio da linguagem estética. Aquela que instaura a beleza nas vértebras do bronze ou nas artérias do mármore. E a beleza, conforme nos ensina Gerardo Mello Mourão, "é a coisa da poesia".
Uma observação a latere: nos domínios da música, costuma-se elogiar os compositores que se situam entre o erudito e o popular, Bastaria lembrar, de relance, o caso de Villa-Lobos, Tom Jobim, Vinícius de Morais, Píxinguinha, Radamés Gnatali e vários outros nomes que não me acodem à memória. Em matéria de poesia, as coisas nem sempre acontecem do mesmo modo. Alguns comentadores torcem o nariz a poetas que alternam o erudito com o popular. E o fazem por entender que este último é terreno propício às retóricas da vulgaridade. Luciano Maia, embora afeito ao exercício da norma culta, pertence à estirpe desses poetas. Sua nova coletânea de poemas documenta a sua predileção por ambas as vertentes literárias. Os poemas "Mais relembro", "Todos temos uma história" e "Naufrágio" não escondem o parentesco do poeta com a verve errática dos cantadores que, antes do advento do rádio e da televisão, varavam as estradas dos sertões nordestinos de ponta a ponta.
Uma evidência à flor da pele: o versilibrismo não parece atrair as simpatias de Luciano Maia. Raros os poemas deste livro escritos fora dos parâmetros da versificação tradicional. Talvez por uma questão de índole, ou por razões de natureza subjetiva, a verdade é que o poeta só eventualmente pratica essa modalidade de verso. O uso da rima, eventualmente opcional, é presença ostensiva na grande maioria dos poemas da coletânea. Mas o poeta poderia ter escrito estes versos de Cassiano Ricardo: "Amo a rima que vem/com a desordem das flores./Que a esta eu quero bem./Rima de campo aberto./O que já não suporto/é a rima em lugar certo". O soneto é, sem dúvida, o instrumento preferido deste menestrel dos tempos modernos. A desenvoltura artesanal de Luciano Maia atinge o seu cmax na elaboração dessa estrutura poética de raízes medievais, que tem sido objeto de reiteradas polêmicas ao longo dos séculos. Para isso, concorrem o nível cultural do autor e o seu relacionamento com outros idiomas do mundo civilizado. Sua intimidade com a literatura romena, da qual traduziu para o vernáculo alguns de seus poetas mais expressivos, tem contribuído para expandir a universalidade dos horizontes do poeta.
Mortunadamente, o soneto moderno já não se fecha com chave de ouro. Nem tampouco é uma jóia trancada a sete chaves. Semelhante a uma catedral sem a suntuosidade dos tem- pos medievais, o soneto está sempre aberto à visitação do povo. O discurso do poeta é de uma clareza exemplar: “A palavra que irei pronunciar/há de trazer o despertar dos dias/que virão na visita do avatar” (“Segundo poema do Avatar”). Outra demonstração da textura maleável dos sonetos saídos da oficina poética de Luciano Maia: “É um violino sob a noite clara./Sopra um vento discreto e mensageiro./Melodia cigana se prepara/ao rito azul do gesto aventureiro". Como se observa, as rimas podem estar nos lugares certos, mas não passam a impressão de artificialismo ou de algo capaz de agredir a funcionalidade do contexto.
A familiaridade do poeta com outros idiomas do mundo ocidental pode ser comprovada no poema "Ritmos", constituído de vinte e duas quadras, escritas em várias línguas. Dois exemplos à consideração do leitor: "Bajo la luna del huerto/te sueño siempre en un beso./Es tu perfume que cojo/en las flores del cerezo.//Canta al mare il marinaio/sulla barca, il nostro amore./Non t'ho mai dimenticato/fornarina del mio cuore". Admirador confesso do povo romeno e de sua literatura, Luciano Maia presta homenagem à pátria de Eminescu nestes versos de admirável ressonância lírica: "Presto tributo à memória/do bucólico país/que Roma trouxe à História/com o nome Dácia Feliz. //Essa ex-província romana/com os seus rios serenos/hoje é a pátria soberana/dos nossos irmãos romenos".
A impressão geral que nos fica da leitura de Autobiografia lírica é francamente positiva. Luciano Maia expressa a linguagem da subjetividade para a captação das imagens e signos que lhe povoam as "retinas fatigadas" (Carlos Drummond de Andrade), nesta busca obstinada do menino que ficou irremediavelmente para trás, misturado às reminiscências sedimentares do seu "rio tutelar", que pastoreia os mistérios, alegrias e tristezas do Vale. Para Jean Cocteau, "O poeta lembra-se do futuro". O que significa dizer: em todo poeta existem vislumbres do fulgor profético. Algo que lhe permite compartilhar o dom da revelação. Para Lêdo Ivo, "O poeta não deve crer nos anjos, mas nas palavras que os criam". Estou falando de coisas familiares ao poeta Luciano Maia. Ele conhece os seus domínios, seus limites, suas veredas, seus abismos. À maneira de Carlos Drummond de Andrade, deve saber que "existem muitos outros instantes sem razão e sem verso". Sabe, também, que a vida é mais importante do que o poema, do que todas as utopias que colecionamos em meio a palavras e borboletas embalsamadas. Sabe, sobretudo, que "todos temos uma história/que merece ser contada".
A poesia de Luciano Maia desenvolve questionamentos e reflees acerca da transcendência e complexidade dos problemas humanos no contexto das sociedades modernas. Bastaria esse fato para recomendar a sua leitura aos que ainda acreditam na imponderabilidade do poema. O leitor haverá de notar que a história do poeta foi por ele contada com a leveza de um verdadeiro profissional da literatura. Até porque, no dizer de Ovídio (A Arte de Amar), "A beleza é uma coisa frágil".


SONETO DO VIOLINO EMUDECIDO

É um violino sob a noite clara.
Sopra um vento discreto e mensageiro.
Melodia cigana se prepara
ao rito azul do gesto aventureiro.
A tépida canção sobe e se ampara
em notas cor de cravo e um doce cheiro
de flor ferida. O violino pára.
Recende no jardim o jasmineiro.
Penetra o instante uma emoção que cresta
arde no peito súbita fogueira.
A lua espia, por esguia fresta.
A mão do artista toca a companheira.
O violino o silêncio não contesta:
borboleta marrom, flor de madeira.


AQUA AMBULANS

A gota que despencou
da nuvem sobre a chapada
vinha de águas andarilhas
de para além do Industão.
Pousou sobre um pedregulho
às seis e meia da tarde
e descansou da viagem
sob o luar do Sertão.

















Neruda - Canto Memorial
Fortaleza/ 2004 - Imprensa Universitária
A 1ª edição deste livro é de 1983

POEMA 14

Somos irmãos dispersos nas distâncias.
Vemos entardecer em nosso exílio
dias de incertitude, noites de ânsias
entre a treva entrevada e a luz sem brilho.
A voz antepassada não responde
às dúvidas que assaltam nossos dias.
O futuro nos mente e sempre esconde
noutro tempo as certezas fugidias.
Se frustram madrugadas curiosas
a um mesmo sol que às mesmas horas cresta
o silêncio pisado dessas rosas.
Brotadas no deserto, vivem desta
paixão da terra ardente e caprichosa
lavada pelo pranto que nos resta.



Luna Hibernalis - Carmina Rhaetoromana
Fortaleza/ 2002 - Expressão Gráfica e Editora